Capítulo 10; un suceso y un hechizo
Ya había pasado una semana tras el partido de Griffindor vs Hufflepuff. Los alumnos seguían hablando del tema, pero muy ocasionalmente, ya que el nuevo partido que se celebraba el segundo sábado de noviembre, de Slytherin contra Ravenclaw.
Sin embargo, para Larry, Alison y Justin nada había cambiado. Habían sufrido un par de ataque por la espalda causados por Phileas Anderson. Los tres amigos sólo podían devolver otro hechizo, pero fueron pillados por el profesor Flitwick, y les restó diez puntos. Por ello, decidieron hablar con McGonagall ese sábado por la mañana.
Se dirigieron a su despacho y vieron una gran gárgola de piedra. Suponiendo que debían decir una contraseña, empezaron a soltar burradas, hasta que a Justin se le ocurrió decir:
-¡Palo de polo!
Con esa estrambótica frase, la gárgola se apartó, y los chicos subieron por una escalera de caracol. Llegaron al ya conocido despacho de su directora. Pero cuando entraron, ésta estaba hablando con Harry y el retrato de Albus Dumbledore.
-Lo siento, profesora, no supuse que... - empezó Alison, pero McGonagall se adelantó.
-No pasa nada. Es más, os esperaba. Profesor Dumbledore, -añadió, dirigiéndose al cuadro-, estos son Larry Mason, Justin Rodríguez y Alison Jones.
-Un placer, señores. Minerva ya me ha puesto al corriente de vuestra aventura en cada de Madame Hooch.
-Sí, señor. Necesitábamos hablar de Phileas Anderson.
-El profesor Flitwick ya me ha contado que le atacasteis.
-¡Eso no es del todo cierto! - saltó Larry -. ¡Ese tipo nos lanzó una maldición y nosotros se la devolvimos! ¿No podemos?
-Podríais haberla bloqueado, o hacerla rebotar contra su ejecutor, obrando en legítima defensa. ¿No es cierto, Potter?
En ese momento, Harry desvió la mirada de su directora, mirando a los cuadros de las paredes, como si acabase de descubrir que se movían.
-¿Harry? - dijeron McGonagall y Dumbledore al unísono.
-Lo lamento, directora, pero todavía no hemos empezado con el bloqueo y devolución de conjuros, -admitió éste.
-¡¿QUÉ?!
-Estoy siguiendo el programa de Lombardo. Yo ya les habría iniciado con un patronus.
-Tendré una charla larga con ese francés cuando acabe son sus vacaciones. ¿Un trimestre para cada conjuro?
-Una auténtica locura en estos tiempos locos.
-Pero puedo hacer algo al respecto - repuso Harry-. Dado que son los únicos alumnos de primero que están siendo atacados, puedo empezar a enseñarles a protegerse de maldiciones. Será bastante útil cuando necesite demostrar el efecto en mis clases.
¡PIC, PIC! Algo repiqueteaba en la ventana. Se trataba de una lechuza. Llevaba un periódico en el pico. La directora la dejó entrar, y el ave soltó el periódico. La mujer pagó un knut y la lechuza se alejó. La directora echó un vistazo a la primera plana de El Profeta y acto seguido, se derrumbó en la silla. Larry, Justin, Alison y Harry se acercaron a verlo. Había uno foto de un joven mago. El titular rezaba:
LOUIS LOMBARDO, HALLADO MUERTO EN SU VIAJE POR VENEZUELA
La noticia ocupaba el resto de la plana. Se leía:
Louis Lombardo, el profesor titular de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, ha sido hallado muerto en una habitación del Hotel Las Vegas, nuevo en Venecia.
El profesor estaba disfrutando de un año sabático siendo sustituido por Harry Potter en su cargo. Parece ser que los mortífagos encargados del asesinato fueron los mismos que atacaron a Madame Hooch, el pasado mes de septiembre. Los asesinos proyectaron la Marca Tenebrosa en el cielo. El Equipo de Desmemorización del Ministerio de Magia venezolano, y nos dio el aviso tres horas después.
Los aurores de Venecia se encargaron de atrapar a Ribentrop, aunque Roockwood logró darse a la fuga, no sin antes intentar matar a todo el destacamento de aurores. Poco después, nuestro Jefe de la Oficina de Aurores, Gawain Robards, se apareció en Venecia y escoltó al mortífago a Azkabán. Estamos a esperas de su juicio. Sólo queda saber si Potter continuará sustituyendo a Lombardo durante los próximos años.
Desde el Ministerio de Magia, advierten que extremen las precauciones. Sáquense los carnés de Aparición y aprendan a lanzar conjuros desilusionadores.
Harry acabó de leer la noticia y saló de la mesa, donde se hallaba sentado.
-Minerva, lo lamento, pero voy al Ministerio. Estaré aquí el lunes. A vosotros os veo el lunes a las seis y media en mi despacho para empezar las clases particulares.
Y dicho esto, salió corriendo del despacho.
-Parece que los mortífagos han cogido tirria a los profesores de Hogwarts - comentó Dumbledore.
- Así parece. Habrá que reforzar todos los conjuros protectores que rodean la escuela - afirmó McGonagall-. Vosotros tres, iros.
Los tres amigos empezaron a irse, pero Larry se volvió y preguntó:
-¿Qué ocurrirá con el profesor Potter? ¿Se quedará?
-No lo creo. Es más, creo que empezaré hoy mismo a buscar otro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. El profesor Potter tendrá que regresar al Ministerio.
Tras esas palabras, los tres amigos se fueron del despacho y no hablaron hasta haberse alejado de ese pasillo. Ninguno estaba de humor, sabiendo que su profesor se largaría probablemente, el lunes por la mañana. Pasaron el fin de semana componiendo la redacción de Transformaciones para el profesor Bagman, y practicando, por turnos, el conjuro flippendo que aún estaban dominando por completo.
Sin embargo, el lunes por la mañana, durante el desayuno, ni la directora ni Harry hicieron mención a que éste se largara. Ese día, los amigos no tenían clases con él. Pero nada más acabar la clase de vuelo, se dirigieron a su despacho. Sería antes de lo esperado, pero querían saber ya si su profesor las abandonaba o no.
Sin embargo, cuando llamaron a la puerta, nadie contestó. Es más, se escuchaban voces. La puerta se abrió y salió Delacour, llorando a lágrima viva. Ni siquiera les vio y se fue corriendo. Dentro estaba Harry, con cara de preocupación. Parecía muy debilitado, seguramente por esa discusión.
-Adelante.
Tenía cara de enfadado, pero más que con alguien ajeno, con él mismo. La curiosidad de Alison le hizo preguntar:
-¿Qué la ocurre?
-Conozco a su hermana. Vive aquí casada con un hermano de Ron y la pequeña Delacour empezó a venir a Hogwarts el año pasado. Anoche atacaron a su hermana y al esposo de ésta. Me culpa de no abandonar el colegio e ir a protegerla, pero yo tengo un contrato de un año con el colegio. Y puede que más, si Minerva no encuentra sustituto fijo.
-¿Murieron? Su hermana y su cuñado, digo - preguntó Justin.
-No. Sin embargo, de desangraron mucho. Utilizaron la misma maldición que tuve que usar en nuestra batalla del mes pasado. Están en San Mungo tomando esencia de díctamo cada media hora. Pero en este momento, me preocupa más nuestra clase. Sacad las varitas.
Las sacaron y se pusieron en pie, mientras Harry hacía una serie de movimientos con la suya apartando los muebles, dejando un amplio espacio en la sala.
-Es conjuro que os voy a enseñar es el encantamiento escudo, o protego. Si se logra conjurar, crea un escudo eficaz. Suele ejecutarse con el conjuro del rival ejecutado. Por norma general, el conjuro rebota, pero los más adiestrados somos capaces de desviarla. Ahora, poned la varita apuntando enfrente de vosotros y conjurad: protego.
-¡Protego!
Cada varita logró provocar un destello de luz. Repitieron el proceso unas veces más hasta que la luz se quedó unos segundos.
-Ahora, antes de practicar con un hechizo, os lanzaré ésta esfera. Os daré el aviso como si dijera un hechizo. ¡Larry, paso al frente!
Larry avanzó, y cuando Harry gritó flippendo antes de lanzar la pelota con todas sus fuerzas. Larry alzó la varita y conjuró:
-¡Protego!
La bola tocó el escudo y saltó hacia atrás, chocando con Harry. Sonrió satisfecho y a continuación, Justin tuvo que realizar el conjuro y luego Alison. Siguieron por media hora, hasta que decidieron cambiar a que Harry lanzaba la pelota a cualquiera de los tres y ellos tenían que estar prevenidos para protegerse. Al final, empezaron a protegerse del flippendo. Ni Justin ni Alison tuvieron mucha suerte, pues ambos retrocedieron cuando el hechizo de Harry acertó en los encantamientos escudo. Sin embargo, le tocó el turno a Larry. Harry gritó, apuntándolo:
-¡Flippendo!
-¡Protego!
El hechizo de Harry saltó hacia su ejecutor, derribándolo. Harry se levantó y le dijo:
-Tienes potencial en esto de la Defensa. Será mejor que bajéis a cenar, pues falta una media hora. Volved el miércoles a la misma hora.
Los tres amigos salieron del despacho. Sin embargo, tras salir de allí, vieron a Delacour corriendo con su baúl a cuestas. Se dirigía al vestíbulo. Detrás de ella corría McGonagall, pidiéndole que volviera, pero la muchacha no hacía caso.
-Permita, directora.
Era Phileas. Alzó su varita y gritó:
-¡Flippendo!
Sin embargo, actuando de modo instintivo, Larry saltó en medio y ejecutó:
-¡Protego!
Pero sin detenerse a mirar si había resultado (aunque sí), corrió a Delacour a la logró derribar contra el suelo. La chica tenía el rostro empapado en lágrimas. Phileas estaba en el suelo, pero McGonagall iba donde Delacour.
-¡Dejadme, quiero irme, mi hermana puede morir! - y se desplomó.
Sin embargo, Harry había escuchado el estruendo, y ya se dirigía a ellos. Logró llevarse en brazos a Delacour, que estaba aturdida y pidió a una Hufflepuff de tercero que llevara el baúl a su dormitorio. McGonagall envió a todos a cenar, pero los chicos cenaron rápido y se fueron a acostar. Habían hecho mucho en un día y ya tendrían tiempo de hablar.