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Terra
La Coctelera

Capítulo 15; retorno el Callejón Diagon

Entraron a la casa. Era algo estrecha, y parecía antigua, pero estaba muy bien. Según avanzaban con los baúles, Harry iba apuntando a las lámparas, que se encendían. Subieron por la escalera y tras la primera puerta, había una cocina.

-Otra vez me he olvidado de decirle que viniera aquí... ¡Kreacher!

El mismo elfo que una vez había aparecido en casa de Larry surgió en la cocina con un "¡crack!", habitual en la Aparición. Hizo una reverencia y preguntó:

-¿Ya vuelve a casa, amo?

-Sí, aunque en enero hay que regresar al colegio. Ahora, por favor, prepara tres habitaciones y... - miró a Justin y Alison-, que sean dos habitaciones, una con dos camas. Que sean contiguas.

-De acuerdo, amo. Pero antes, voy a ir preparando la cena, ¿le parece?

-De acuerdo. Sopa de ajo, y algo de carne. No muy ligero, porque hoy vuelve Ginny de jugar.

-Muy bien. Seguidme, chicos.

El elfo salió de la habitación, y los tres amigos le siguieron. Subieron otras dos escaleras.

-Aquí uno. Y ahí, otros dos. Dejen el equipaje y salgan, porque he de limpiar un poco.
Justin y Alison fueron a la habitación de dos camas, pero el elfo dijo:

-Me temo que no. El amo me ha ordenado que los varones juntos.

Por tanto, Justin tuvo que estar en la habitación de su primo mientras la chica se iba a la de al lado. Colocaron un poco su ropa dentro de los viejos armarios y bajaron a la cocina. Allí estaba Harry, ataviado con una túnica de diario.

-Será mejor que os abriguéis. Vamos a salir a dar una vuelta por el callejón Diagón.

Cogieron las túnicas gruesas y se las pusieron. Luego, se colocaron las capas y vieron a Harry con un ladrillo encima de la mesa.

-Este Traslador está programado para dentro de 30 segundos. Volveremos con otro a las 9 de la noche. Tocadlo.

Los muchachos pusieron la mano en el ladrillo y luego lo hizo Harry. De pronto, sus pies se despegaron del suelo y empezó a dar vueltas, hasta que salió rodando por el suelo. Estaba en una taberna, llena de magos.

-Buenas tardes, Harry. ¿Quieres tomar algo?

-Yo un whisky de fuego, y ellos, tres zumos de calabaza, Tom. Gracias.

El camarero desdentado, Tom, se dio la vuelta y sacó 4 vasos. Sirvió las consumiciones y Harry las hizo flotar hasta la mesa, mientras pagaba. Luego, se sentó con sus alumnos en una mesa.

-Estamos en el Caldero Chorreante. Sólo los magos (y padres suyos) podemos verlo. Así puede permanecer a la vista de todos, pero no se ve.

-No hace falta que nos pagues esto, Harry - dijo Alison.

-Yo creo que sí. Se supone que estoy a vuestro cargo - respondió el aludido.

-En fin, ¿qué hemos venido a hacer aquí? - quiso saber Larry.

-Supongo que queréis hacer las compras navideñas. Y podéis comprar algo que no llame mucha atención en vuestras casas aquí, para que os recuerden vuestras familias. Aunque tenemos dos días hasta Nochebuena, cuanto antes mejor.

-Pero nuestro dinero está en nuestras casas y es dinero muggle.

-Ah, ya. Por eso fui anoche un momento a vuestras casas, para pedir a vuestro padres que me dieran vuestro dinero. Ahí van.

Sacó tres bolsitas de distintos colores de dentro de su capa, y lo pasó a cada amigo.

-Ahí no está todo. Supongo que querréis ahorrar algo. Será mejor que nos vayamos moviendo.

Salieron al patio del bar. Allí, Harry sacó la varita y golpeó con ella un ladrillo superior al cuno de basura. De pronto, se abrió un hueco. Tras atravesarlo, habían llegado al Callejón Diagón.

-Veamos, yo he de hacer unas compras para la cena. Vosotros creo que sabréis llegar a Sortilegios Weasley, y comprar allí algo. O en cualquier otra, pero que no monte mucho jaleo. Eso os traería problemas, si lo viera algún muggle.

Por tanto, los tres amigos se fueron hacia la tienda de Sortilegios Weasley, mientras Harry se dirigía al boticario. En la tienda se encontraban, como siempre, Ron y George.

-¡Hola, chicos! ¡Felices fiestas!

-Gracias.

-Harry nos avisó de que vendríais. Y que bien, porque necesitamos que nos ayudéis.

-¿En que consiste la ayuda? - preguntó Larry.

-En que probéis nuestro nuevo producto. Harry tendría que detenernos si se enterara.

-¿Por qué?

-Motivos luego - dijo Ron-. Se trata de que os pongáis este gorro y que nos digáis si escucháis algo.

-Yo me encargo - dijo Larry, y le cogió el sombrero. Se lo puso en la cabeza, y en ese instante, escuchó una voz lejana, pero sin duda era la de George Weasley: «ojalá que funcione».

-¡Funciona!

-¿El qué? Preguntó Alison.

-El sombrero. Me permite escuchar lo que otros piensan.

-¡Excelente! Dijo George. Si buscáis algo para vuestro padres, regaladles esto - y sacó otros tres sombreros de debajo del mostrador -. Son prácticamente indetectables y además pueden fardar de adivinos con sus colegas.

-Perfecto. ¿Cuánto es? - dijo Justin.

-Nada. Ahora que sabemos que funciona, lo único es seguir fabricándolos y ponerlos a la venta - dijo Ron
-Chicos, me acabo de acordar de una cosa - dijo Alison.

-¿Qué pasa? - preguntaron todos.

-Necesito pasarme por la Tienda de Túnicas de Madame Malkimm. Se me estropeó el dobladillo de las túnicas y no le he podido hacer nada.

-Entonces id para allá. ¿Os acompaño? - añadió George.

-No es necesario. Ahora volvemos.

Los tres amigos se pusieron los abrigos y salieron al Callejón Diagón. Cuando estaban llegando a la tienda de Madame Malkimm, escucharon una voz por detrás suya que dijo:

-Mirad quienes son. Mason-Pringao, Tonto-Rodriguez y, Sangresucia-Jones.

Era Anderson. Llevaba un abrigo de plumas carísimo. Riendo, se les acercó.

-¿Qué haces aquí, Anderson?

-Es una zona para magos. Pensé que ni os dejarían entrar.

-Repite eso - dijo Justin.

-Pensé que ni os dejarían entrar.

-¡Serás...!

Justin y Alison sacaron las varitas, pero tanto Larry como Anderson ya las tenían fuera.

-No te atreverás a tocarme, ¿eh, sangre sucia?

-¡Flippendo!
Larry lanzó el maleficio a Anderson, pero éste se agachó a tiempo. El conjuro rompió uno de los critales cercanos.

-¡Esas tenemos! ¡Flippendo!

Los dos magos empezaron a llenar el aire con gritos de flippendo, protego, y los conjuros rebotando por donde podían. Hasta que Larry gritó:

-¡Expelliarmus!

La varita de Anderson saltó de la mano de su dueño. Éste observó como aterrizaba en el suelo. Larry sonrió, pero...

-¡DESMAIUS!

Larry saltó por los aires y aterrizó tres metros más allá. Un mago pelirrojo, de pelo casi al dos, alto, con una chaqueta negra y mirada desorbitada, le estaba apuntando con una varita.

-¿Cómo se te ocurre atacar a mi hijo? ¿No sabes que los Anderson sómos la mejor familia, la de más clase, la más...?

-Pedante... - comentó Alison.

-¡¿Cómo te atreves, p... sangre sucia?! ¡Ahora verás lo que hago con la escoria como tú! ¡Cru...!

-¡DESMAIUS!

El señor Anderson también voló por los aires. Harry estaba allí plantado, con la varita en dirección al hombre que acababa de derribar.

-¿Qué "iba" a hacer?

-Atacaron a mi hijo.

-¡Eso no es excusa! ¡Su hijo fue el primero en atacar! ¡Y usted no tiene derecho a utilizar Maldiciones Imperdonables! - gritó Harry.

El mago corrió donde estaba su hijo, y ambos desaparecieron con un fuerte "¡crack!".

Harry no hizo nada, pero tenía la respiración agitada.

Capítulo 14: preludio de Navidad

Se acercaba el final del trimestre. Sin embargo, para los alumnos de primero significaba tener que estudiar para los exámenes. El lunes tuvieron el examen de encantamientos. Fue bastante sencillo: estuvieron la primera hora con el examen teórico y luego tuvieron que hacer levitar unas plumas y luego, arreglar unas tazas que el profesor iba rompiendo.

Luego, en las otras clases, les fueron diciendo que se siguieran preparando, porque la semana era corta para estudiar todo.

El martes tuvieron el examen de Pociones. No hubo escrito, pero sí tuvieron que preparar una poción refrigeradora. Su composición era sencilla, pero tenía que hacerse con un fuego muy avivado, y a Justin se le prendió la túnica. Sin embargo, lo peor fue el examen de Historia de la Magia. Larry logró responder a todas las preguntas, pero de suerte, y sabía que muchas estaban muy pobremente escritas.

El miércoles se examinaron de Transformaciones, intentando transformar plumas, cerillas y escarabajos en flores, alfileres y botones. Por la tarde, tuvieron que hacer el examen de Herbología, trasplantando algunas plantas llevándote el menor número de mordiscos posibles. Alison acabó con una mordedura en el brazo.
El jueves se estaban acabando los exámenes. Tuvieron el de Astronomía por la noche, localizando todas las constelaciones posibles.

Por último, el viernes se examinaron de Defensa Contra las Artes oscuras. No tuvieron clase de vuelo, porque Harry la necesitaba para que se examinaran de la teoría. Además, ya habían comenzado a ensayar el encantamiento escudo en clase.

-Según luchéis, os pondré la nota. Así que si alguien gana de chiripa, que no se alegre mucho. Cuenta mucho el esfuerzo. Veamos...

Fue cogiendo a gente al azar para que en parejas, hicieran un combate. Justin se enfrentó contra Andrews, y logró derrotarle en poco tiempo. Por último, quedaron Larry y Alison. Harry contó hasta tres y comenzaron el combate, mientras los demás alumnos se quedaban en un círculo tan amplio como la clase.

-¡Flippendo! - gritaron ambos a la vez. Los hechizos rebotaron en ángulo, y volvieron a atacar. Larry se echó a un lado, y volvió a ejecutar el hechizo, pero Alison gritó:

-¡Protego!

Larry se agachó a tiempo y el conjuro acertó en la puerta. Luego rodó mientras Alison seguía gritando el hechizo flippendo. Se incorporó y el hechizo de Alison le acertó en la mano. Agitó la mano de dolor y la varita resbaló de su mano. Pero no cayó y apuntó a Alison:

-¡Flippendo! ¡Flippendo! ¡Flippendo!

Ninguno de los hechizos acertó en el blanco, pero uno tuvo que ser repelido con un encantamiento escudo de Alison. Ella también empezó a atacar a la desesperada, hasta que Larry intentó recordar cómo era el hechizo de su tirachinas, y gritó:

-¡EXPELLIARMUS!

La varita de Alison saltó de su mano hasta una librería. Harry se quedó un momento sin decir nada y luego dijo:
-Nota máxima para los dos. Y ahora, ¡a celebrar el fin de los exámenes!

Los alumnos gritaron de felicidad, mientras Harry recuperaba la varita de Alison y se la devolvía a su propietaria. Los tres amigos salieron del aula, y se encontraron con Gabrielle. Se fueron al Gran Comedor, con ganas de que su directora les anunciara el final de las clases. Pero a Gabrielle le llegó un recorte de prensa, y rápidamente fue con sus amigos para enseñárselo.

ASALTO A LAS GRANDES PRISIONES

Parece ser que ni los dementores ni los aurores pueden mantener a raya las Fuerzas Oscuras, informa Rita Skeeter. La pasada noche, los restos de los mortífagos reclutaron más gente en la prisión de Azkabán. Los aurores que trabajaban de guardia en la cárcel fueron aturdidos para llevar a cabo su operación.
Sin embargo, no toda la resistencia estuvo presente en Azkabán. Otro grupo estaba haciendo un reclutamiento simultáneo en Numergand, y un tercer grupo en Beall. D este modo, el número de mortífagos ha ascendido. Su líder, Rodolphus Lestrange, encarcelado recientemente, ha escapado junto sus hombres.
La culpa de todo la tiene nuestro con-vecino, Harry Potter, que decidió perdonar la vida del líder de los mortífagos
.

-¡¿No se cansa esa mujer de difamar contra Harry?! - se indignó Larry.

-Así parece, ¿no? - dijo una voz tras ellos.

Harry estaba tras ellos.

-No me preocupa la opinión pública. Pero sí esto.

Sacó de su túnica un periódico de esa misma mañana. En la primera plana aparecía:

NUEVO ATAQUE A FAMILIA DE EXMORTÍFAGOS, POR RITA SKEETER

Parece que Gawain Robbards no para, el pobre hombre. Solamente tres horas después del asalto a Azkabán, Rodolphus Lestrange hizo una visita de "cortesía" a su cuñada: Narcissa Malfoy. En la casa también se hallaban su esposo, Lucius, y su hijo, Draco.
El mortífago intentó vengarse de aquella familia que, recordemos, repudiaba a su amo desde un año antes de la caída del Señor Tenebroso, y apenas minutos antes de su caída, no continuaron en combate, sino que se unieron a la celebración de su muerte.
Parece que al final la muerte de Bellatrix Lestrange y el Innombrable han causado tal conmoción cerebral en Rodolphus que ha decidido acabar con aquellos que se les alejaron. Aún así, por suerte, ninguno de los Malfoy fue herido gravemente, por la rápida intervenciós de Robbards.

-Y por suerte, han tardado un día en enterarse del ataque. Viniendo aquí me he encontrado con gente de El Profeta - dijo una voz que arrastraba las palabras.

Un muchacho de la misma edad de Harry, con el pelo rubio platino cargado de gomina, y de facciones afiladas, se hallaba tras Harry. Éste dio un respingo al oír esa voz, pero al ver quien hablaba, sonrió.

-Draco Malfoy. Cuanto tiempo.

-Sí, lo sé. Necesitaba hablar contigo.

-Después de dos años recurrimos a los enemigos - comentó Harry.

-No me vengas con bobadas. Ni siquiera he podido pasarme por el Ministerio. Quería que hablaras con Robbard, para que nos asignen cierta protección - replicó Malfoy.

-¿Y qué beneficio saco con eso?

Larry, Justin y Alison no concebían la idea de que su profesor pidiera algo a cambio de ayudar a la gente.

-Además, tu padre está muy bien relacionado en el Ministerio, ¿no?

-Esos tratos se rompieron al ser encerrado en Azkabán. Además, ahora me toca a mí. Y eso es lo que estoy haciendo contigo.

-Repito, antes tu padre hacía cosas a cambio de favores. ¿Qué ofreces tú?

-Una donación de cuatrocientos galeones* para el Hospital San Mungo.

*NOTA DEL AUTOR: Cuatrocientos galeones son 2.941,17647 dólares > 2.377,29412 euros > 1639.14014 libras. Lamento mi error de cálculo del capítulo 3.

-De acuerdo. Convenceré a Robbards de que os asignen a alguien. Y ahora...

-Sí, me voy. Aunque es pronto, ¡feliz navidad!

Y se fue. Harry miró a los chicos y dijo:

-Haced el equipaje esta noche. En cuanto mañana a mediodía se declare el fin del trimestre, nos iremos. También tú, Gabrielle. Os dejo.

Esa noche, los cuatro prepararon los baúles. A la hora de la comida de la mañana siguiente, la directora dijo:
-Bueno, parece que hemos terminado el trimestre. El Expreso de Hogwarts saldrá dentro de dos horas para aquellos alumnos que no han firmado para quedarse aquí en las Navidades. Hasta la vuelta, entonces.

Terminaron de comer y salieron al vestíbulo. Esa mañana habían recibido una nota cada uno en la que ponía: Tras la hora de comer, os espero en el vestíbulo con vuestros baúles. Firmado: Harry Potter.

Así que se dirigieron allí. El profesor ya estaba esperando, con todos los baúles preparados.

-Muy bien chicos. Nos vamos.

Mientras se dirigían a la puerta, todos estaban muy nerviosos, menos Gabrielle, que ya sabía que iban a hacer para largarse. Antes de atravesar la verja, Harry dijo:

-De acuerdo. Primero llevó a Gabrielle con su hermana y ahora vuelvo a por vosotros. No salgáis del recinto, por favor.

Ambos salieron, pero en lugar de sacar un traslador, Harry sacó la varita, y el baúl se esfumó. Luego, Gabrielle le agarró del brazo, Harry giró sobre sí mismo, y desaparecieron con el habitual "¡crack"!.

Un minuto después, Harry había vuelto.

-Esto se llama Aparición. Si necesitas llevar a otras personas se usa la Aparición Conjunta. Así nos iremos, ya que no he podido encontrar un traslador a mi casa. Está muy bien protegida. Alison, primero.

Salió del recinto. Harry volvió a hacer desaparecer el baúl de la chica, y cuando le cogió el brazo, ambos desaparecieron.

Luego, fue Justin y por último, Larry. Le agarró el brazo con fuerza, con miedo de perderse en el camino. Harry giró sobre sí mismo, y dejó de tocar el suelo con los pies.

No podía respirar porque tenía una presión enorme en el pecho y se agarró aun más fuerte al brazo de Harry. Empezó a marearse, pero de pronto, tocó el suelo y desapareció la presión. Estaba en un callejón. En él estaban ya sus amigos, recuperando la respiración.

-Es un poco molesto, la primera vez. Muchos vomitan en cuanto lo consiguen. En fin, movimiento.
Avanzaron hasta fuera del callejón y aparecieron en una pequeña plaza. En un rótulo se podía leer: "Grimmauld Place".

-Esto de viajar desde Escocia hasta Londres está bastante bien. Aquí es.

Dos casas, las número 11 y 13, eran contiguas.

-¿En cuál vives? - preguntó Larry.

-En el número 12 de Grimmauld Place.

-¿Dónde está?

-Piénsalo.

Los tres amigos pensaron: número 12 de Grimmauld Place, y de pronto, una casa se hinchó en medio de las otras, sin que nadie que viviera en ellas saliera para que les movía. Encima de la puerta, se leía el número 12.

Capítulo 13; con el auror

 

Muchos alumnos corrían donde se encontraba Harry. Éste estaba haciendo unos complicadísimos hechizos alrededor del cadáver del mortífago muerto. De pronto, en una lenta caída, el cuerpo inerte de Rodolphus aterrizaba en el suelo.

Harry no prestaba atención a los murmullos. Hizo aparecer un ciervo plateado como el que invocó en el duelo del día anterior y éste se fue a medio galope.

Larry y Gabrielle se acercaron también. Se acercaron a Harry, y le preguntaron por qué no hizo como en casa de Hooch, perdonándoles la vida.

-Ellos intentaron mataros. Y también a Minerva, en un ataque a traición. Sólo llevo un año como auror, pero he aprendido desde mucho antes a estar siempre alerta en tiempos de guerra. Si te van a matar, hazlo tu antes.

-¿Eso no es lo que hacen los mortífagos, Harry? - dijo Gabrielle.

-¿Y? Tu hermana estuvo a punto de sufrir el mismo destino de éste - señaló a Roockwood-. Fue él quien la atacó con el Sectumsempra, provocándola un desangre y también a Bill.

Este argumento acalló a Gabrielle. Sus ojos se bañaron en lágrimas, y Larry la consoló.

Minutos después, Kingsley Shaklebolt y otros dos magos se acercaban.

-¡Hola, Harry!

-Buenos días, ministro. Dawlish. Robbards.

-¿Qué hay, Potter? - dijo Robbards.

-Un nuevo ataque. Parece que vienen aquí a propósito. Chicos - añadió, mirando a Larry y Gabrielle-, el es Gawain Robbards, Jefe de la Oficina de Aurores. Mi jefe.

-Y tú, mi seguro sucesor...

-Ejem.

El tal Dawlish carraspeaba, como si el comentario de su jefe le hubiera herido. Luego dijo:

-¿Y cómo que éste está muerto? - preguntó.

- Digamos que si no lo estuviera, la directora podría haber sido más dañada de lo que ya está.

-¿Cómo? ¿Minerva? ¿Dónde está? - saltó Kingsley.

-En la enfermería, tomando esencia de díctamo para recuperarse.

Al decir esto, Robbards se fue corriendo al castillo

-¿Qué vamos a hacer con el colegio? Los niños no están listos para enfrentarse a los mortífagos, y los padres querrán estar con ellos.

-No lo sé. Se repite la historia de hace un par de años, con los ataques indiscriminados. Será mejor preparar toda la escuela contra ellos.

-Está bien. ¿Empezamos? - dijo Dawlish.

-Para luego es tarde.

-¡Accio escobas!

Tres escobas salieron del castillo, volando hasta cada mago. Cada uno montó una escoba y empezaron a volar por el perímetro del colegio, para protegerlo aún mas:

-¡Cave Inicum! ¡Protego Horribilis! ¡Salvio Hexia! ¡Appareo Cesata! ¡Movimen Impedimenta! ¡Muffliato!

Los magos se volvieron a juntar bajo la torre de Griffindor. En ese momento, una Rodolphus se transformó en una Nube de Traslación, corriendo hacia la verja de la escuela. Pero nada más llegar al límite de esta, salió despedida hacia atrás. La Nube se transformó en Rodolphus otra vez (más bien dicho, entró en su cuerpo).

-La barrera Anti-Traslación funciona. No está mal. Queda detenido en nombre del Ministerio, Rodolphus Lestrange.

Esto lo había dicho Kingsley, mientras le ataba mágicamente con cuerdas. Dio un chasquido de dedos y las cuerdas volvieron a su mano de un extremo.

-Movilicorpus.

Dawlish apuntó al cuerpo de Rodolphus, que luchaba para desatarse, sin éxito.

-Nos vemos, Harry. Avisa a Robbards

El ministro y el auror, encabezados por el cuerpo flotante de Rodolphus, se encaminaron a la verja. No bien la habían cerrado tras ellos, desaparecieron con un fuerte ¡crack!

Poco después volvía Robbards. Estaba muy despeinado.

-¡Estoy harto de los mortífagos! ¡Ya tuve bastante cuando se apoderaron del Ministerio, y ahora atacan a las instituciones vitales!

-¿y qué se supone que debemos hacer?

-Una redada contra ellos - sugirió Larry

-Claro, la Tierra solo tiene 510.065.284,702  kilómetros cuadrados. Supongo que en unas horas lo habremos recorrido hasta los más recónditos lugares - ironizó Robbards.

-En fin, hace un día perfecto, y el Ministerio necesita a sus superiores. Robbards, le acompaño. En cuanto a ustedes - dijo a Larry y Gabrielle -, tienen más cosas que hacer, supongo. ¡Accio!

Una varita, probablemente del mortífago muerto, salió del boquete de la Torre de Griffindor. Luego, hizo un complicado movimiento con la varita y la pared empezó a reponerse, muy lentamente, mientras Harry y Robbards se alejaban hacia la verja.

-¿Qué hacemos ahora? - preguntó Larry.

-Ir a la enfermería. Veamos cómo está McGonagall

Sin embargo, fue una mala idea, porque el pasillo estaba lleno de curiosos que intentaban averiguar qué le había ocurrido a su directora. Por ello, decidieron ir a la biblioteca, donde se encontraron a Alison.

-Justin me ha contado lo de la torre. ¿No habéis sufrido heridas?

-No. Al contrario que a la Directora. No se cómo pudo pasar que...

-Señores.

Irma Prince, la bibliotecaria, se acercaba.

-Tienen un mensaje. Acudan inmediatamente al despacho de la directora. La contraseña es - sacó un pergamino diminuto - esta.

- Pero si la...

-Eso da igual. Y busquen también al señor Justin Rodríguez.

Salieron de la biblioteca, y se toparon con Justin. Por tanto, los cuatro fueron al despacho. Dijeron la contraseña, y por seguridad, rompieron el pergamino. Dentro no estaba su directora, pero sí Harry, con el cuadro de Dumbledore.

-Veo que recibisteis mi aviso. Gracias, Everad.

-De nada - dijo el personaje del cuadro de Everad.

-Chicos, os hemos llamado porque estáis en serio peligro. Debido a que  3 de vosotros sois nacidos de muggles, si os atacan fuera del colegio, no podréis usar magia para defenderos.

-¿Y eso?

-Actualmente, el Estatuto del Secreto está en mayor vigor que nunca. Por ello, la familia Rodríguez no tenía autorización para informar a la familia Mason de que su hijo era mago, aun sabiendo que el secreto era común.

-Y luego está el asunto de que no conocéis los suficientes hechizos contra ellos. Ni podéis aprender si no tenéis más poderes - añadió Dumbledore-. Se acercan las vacaciones, pero si estáis fuera, no os podemos seguir las 24 horas. He pensado una solución segura. Harry no tiene inconveniente.

-Gabrielle irá con su hermana. Vosotros podéis quedaros aquí, o ir con vuestras familias.

-Familias - respondieron los tres en el acto.

-Entonces, vendréis conmigo en las vacaciones, y en Nochebuena, Navidad y Fin de Año estaréis con vuestras familias. ¿Os parece?

-Tentador, pero, ¿no seremos una molestia, con tanto viajecito? - preguntó Justin.

-En absoluto. Además, así sabréis el día a día en una casa de magos. Os irá bien algo más de cultura mágica.

-Y además - dijo Dumbledore -, así os podrá tener bajo control. No os podréis meter en muchos líos. Y os veré en Sortilegios Weasley.

-¿Cómo es eso? - dijo Alison.

-Cada retrato puede conectar con otros, si existe esa conexión. Y Dumbledore tiene una conexión con Sortilegios Weasley. Vaya capricho.

-Cada uno, donde le place. Y la tienda posee trucos buenísimos. Ahora, vayan a descansar.

Capítulo 12; dos relaciones y un duelo

 Al día siguiente de que Larry viera tan "espantosa escena", bajó rápido al desayuno. Cuando acabó, sus amigos ya habían bajado, pero en vez de esperarles, se volvió a la sala común de Griffindor. No bien llegaba, se encontró con Demelza Robbins, que le vio la cara de angustia.

-¿Qué te pasa? Desde que saliste del Club de Duelo con Delacour, has estado muy raro - esbozó una sonrisa y añadió-: ¿No será que ella y tú...?

-Si se te ocurre acabar la frase, le digo a Bagman que me enseñe a transformarte en un tarro de guindillas.

-¡Por los calcetines de Merlín! En serio, ¿qué te pasa?

Larry dudó un momento y luego le contó todo lo que había pasado en el Club de Duelo y cuando volvió a la sala común. Demelza se quedó pensativa y dijo:

-Bueno, son muy amigos. Es lógico que...

-No, no es lógico. Nosotros pasamos de las chicas.

No se atrevió a hacer más insinuaciones, porque Demelza le miraba con cara de "¿y por qué me hablas?".

-Quiero decir que...

-Sé lo que quieres decir. Mi hermanito tiene 8 años y piensa igual que tú. En fin, no te lo tomes a mal, pero creo que tienes... - se paró un momento, inspiró, y dijo -, celos.

La rabia surgió de un sitio que Larry no conocía, pero aun así, sacó la varita y apuntó a Demelza. Ella tenía el gesto impasible, pero se abrió la puerta del retrato y Justin entró por ella. Larry se olvidó de Demelza e intentó hechizar a Justin, pero éste utilizó un encantamiento escudo para defenderse, aunque perdió el equilibrio y cayó. Larry repitió el hechizo, pero rebotó en el aire con el de su primo, y él también cayó al suelo.

Se levantaron, aún con las varitas en ristre. Demelza decidió subir a su dormitorio, para dejar la sala a los contrincantes.

-¡¿Se puede saber que te pasa?!

-¿Qué hacías besándote con Alison?

Justin palideció y bajó la varita.

-¿Cómo sabes eso?

-Os vi ayer al entrar aquí por la noche.

-Pues eso no es de tu incumbencia. Y me sorprende que seas tan cínico.

-¡Como te atreves!

-No. ¿Cómo te atreves tu a acusarme, teniendo en cuenta que estás saliendo con esa tal Delacour?

Esa vez el hechizo de Larry alcanzó a su primo, que se estampó contra la pared de la chimenea.

-¡Repite eso, y te juro que...!

-No le podrás hacer mucho daño sólo con el conjuro flippendo. Cinco puntos menos para Griffindor.

Thomas había entrado a la sala, y había observado el combate.

-No deberías enfadarte por una realidad.

-¿Qué realidad?

-Todo el colegio habla de ello. Delacour, la buscadora de tercero en Hufflepuff, está saliendo con el chico de primero.

La mente de Larry se quedó en blanco. Por un momento, le atrajo esa idea, pero la tuvo que disipar de su cabeza. Se escuchaba un fuerte viento, y justo después, la pared donde estaba Justin apoyado, explotó. El muchacho logró salir corriendo hasta Thomas y Larry. Dos enmascarados entraron en la sala. Vestían del mismo modo que los mortífagos de cada de Hooch.

-Los canijos fueron los que ayudaron a Potter y Shaklebolt, Rodolphus.

Esa voz Larry la conocía. Se trataba de Roockwood, el mortífago que había peleado contra Harry hacía dos meses.

-Muy bien. Veremos cómo siente Potter que ataquen a la gente que quieres. Porque están muy apegados a Potter, ¿no, Augustus?

-Sí. Dudo que en caso contrario les hubiese mandado ayudarle.

-En ese caso...

-¡Desmaius!

Thomas había sacado la varita, y había atacado a los mortífagos. Éstos desviaron el hechizo.

-¡Justin, corre a avisar al profesorado!

Salió corriendo, pero tan pronto como se fue, el tal Rodolphus hizo estallar la salida. Estaban atrapados. Sin embargo, Demelza había escuchado el estruendo, y bajó corriendo, varita en ristre, dispuesta a luchar contra los mortífagos.

Thomas y Demelza no eran rivales para Roockwood, y menos para Rodolphus, así que Larry empezó a arrojar hechizos flippendo contra ellos, intentando ayudar a sus amigos. Pero tanto Thomas como la chica fueron desarmados.

-¡Confringo!

El bloqueo estalló, y Harry, McGonagall, Justin y Delacour entraban en la sala. Rodolphus miró un segundo a Harry y gritó:

-¡Avada Kedavra!

La maldición le pasó rozando. McGonagall y Harry alzaron las varitas y gritaron:

-¡Partis Temporus!

De las varitas de ambos, surgieron sendos vórtices de fuego, como los que había conjurado Flitwick el día anterior. Esto se volvieron contra los mortífagos, que crearon un escudo de agua, disolviendo los vórtices. Pero ni Harry ni McGonagall daban cuartelillo, y ejecutaron conjuros aturdidores, que derribaron a Rodolphus. Pero Roockwood apuntó a la directora, y gritó el mismo hechizo que usó Harry:

-¡Sectumsempra!

A la directora le salieron dos tajos, y uno en la cara y otro en el estómago, sangrante. Se tambaleó, y cayó al suelo. Harry gritó de rabia, apuntó al mortífago y dijo, con voz pausada:

-Expelliarmus.

La varita saltó de manos de Roockwood. Harry le volvió a apuntar y dijo:

-Avada Kedavra.

Un chorro de luz verde salió de su varita, y alcanzó al mortífago en el pecho. Este se dio cuenta por una milésima de lo ocurrido, y cayó hacia atrás. Como estaba en el agujero que había provocado, se perdió mientras descendía, muerto, y chocó contra el suelo.

Harry respiró. Luego, corrió hacia su directora y ejecutó:

-Vulnera Sanentum.

 Repitió el conjuro otras dos veces y las heridas se curaron. Llegó Slughorn y al mirar la escena, sacó una botellita de su túnica y la pasói que Harry. Éste la abrió y le hizo beberlo a McGonagall.

-Horace. ¿Te puedes encargar de Minerva?

-Sin problemas, Harry.

Hizo aparecer una camilla e hizo levitar a su directora al colchón de la misma. Luego, se retiró, apuntando al destrozado lienzo y murmuró:

-¡Reparo!

El cuadro quedó impoluto, y el profesor se retiró.

-Horace Slughorn, el profesor mejor relacionado de todo Hogwarts dijo Harry a Larry, Justin, Thomas, Demelza (ambos habían recuperado ya sus varitas) y Delacour-. Estaba hablando con Gabrielle (señaló a Delacour), cuando Justin me avisó del ataque. Por suerte, Minerva pasaba por allí y vino también. Se recuperará. Por cierto, no conocía el atajo de aquí al pasillo de mi despacho. Así que veinte puntos por cada uno, y por el atajo, también para Gabrielle. Adiós chicos. Y será mejor que aprovechéis este día.

Harry se fue. Cuando volvieron a hablar, Justin dijo:

-Me voy. Creo que Alison está en la biblioteca.

Salió corriendo, sin mirar a su primo, y poco después, Thomas y Demelza se fueron a sus habitaciones. Quedaron solos Larry y Gabrielle.

-Oye, Gabrielle, sobre los rumores...

-¿Si? - inquirió ella.

-...supongo que sabrás que...

No le dio tiempo a acabar la frase. Gabrielle le besó, y este se quedó medio "groogy". Al separarse, él le devolvió el beso, y luego, salieron a dar un paseo por los amplios terrenos del colegio. Pero al llegar abajo...

Capítulo 11; el Club de Duelo

 

Ya era noviembre. Larry, Alison y Justin seguían preocupados por la salud de Delacour, que no podía salir de la enfermería, porque estaba con depresión. Por otro lado, las clases con Harry particulares habían mejorado, y sus encantamientos escudo estaban mejorando.

A principios, durante un desayuno, Harry anunció que se iba a abrir un Club de Duelo en Hogwarts:

-Los grupos los formarán gentes de cada casa, ya que cada combate ganado les añadirá puntos. Sin embargo, la edad y curso quedarán subestimados. Por tanto, en las primeras reuniones, aprenderemos a interceptar maldiciones. Será algo obligatorio, en especial para los que estudien Defensa Contra las artes Oscuras, pues les puede ayudar en su nota, muy ligeramente. La primera sesión será este viernes, a las 6 de la tarde. Venid al Gran Comedor.

Tras esto, se sentó y continuó comiendo un plato de gachas de avena. Ni bien pasaron diez minutos, las lechuzas del periódico entraron a repartirlos a los suscriptores. Larry se había apuntado, y en primera plana, vio el reportaje de la mujer que le atacó: Rita Skeeter.

NUEVO RUMBO DE LOS LIBROS

Harry Potter ha sido seleccionado por Rita Skeeter para el tercer libro de su serie: "Contra Lord Voldemort". Sólo nos ha desvelado que ya tiene material para comenzar, y también para su "época más dura": Los artículos del Torneo de los Tres Magos. El lanzamiento del libro se espera para finales del año próximo.

-La ha tomado con él. No me sorprende - dijo Alison.

-Y menos después de aturdirla y echarla así. Ni yo me pensaría otras opciones, salvo hacerle quedar mal - aseguró Justin.

El viernes, los tres amigos estaban en el Gran Comedor. Todos se encontraban allí, y poco después, se les sumó Delacour, que había salido, difícilmente, de su depre.

Harry y Flitwick entraron y enarbolando sus varitas, echaron atrás las mesas, y luego hicieron aparecer una gran tarima de madera, a la que se subieron. Harry habló en un extremo de la tarima, apuntándose el cuello con la varita y haciéndose así amplificar su voz, mientras Flitwick se dirigía al otro extremo:

-Ya hemos decidido los grupos, y las listas están colgadas en los tablones de cada casa. Esta lección de demostración será la única este trimestre, pues los más jóvenes no saber aún bloquear hechizos. Ahora, veréis un combate entre Filius Flitwick, 40 años Campeón de Duelo (hubo muchos aplausos, sobre todo de Ravenclaw, pues él diminuto profesor era jefe de esa casa) y yo, Harry Potter.

Tras los aplausos, ambos contendientes se acercaron. Al juntarse, mostraron sus varitas, y luego, se hicieron respectivas reverencias. Se alejaron hasta los extremos, y Harry dijo:

-Perderá quien quede desarmado o imposibilitado para seguir. A la de tres. ¡Uno!

Todos les miraron, nerviosos y expectantes.

-¡Dos!

Todos dejaron de respirar y...

-¡Tres!

-¡Protego!

Ambos magos habían ejecutado encantamientos escudo, pero Harry fue el primero en volver a ejecutar un hechizo, el desmaius. Sin embargo, el diminuto profesor hizo un complicado movimiento con su varita, y transformó el conjuro de Harry en una plaga de abejas, que lanzó a su adversario.

Harry hizo aparecer un tarro de miel y le hizo volar por la ventana, para lograr que las abejas le dejaran en paz. Pero esto le costó la oportunidad de defenderse de un hechizo depulsor de Flitwick, que le empujaba al borde de la tarima. Harry hizo un circulo cambiando la onda expansiva en un huracán que envió hacia Flitwick.

Este quedó atrapado y Harry lo seguía conjurando. Para librarse, transformó el aire en agua y salió con un salto propio de una sirena o un delfín.

-¡Inmobilous!

-¡Impedimenta!

Harry bloqueó el hechizo y corrió donde Flitwick, mientras gritaba:

-¡Expelliarmus!

-¡Desmaius!

Los conjuros hicieron retroceder a ambos magos, que se hallaban a menos distancia de la inicial. Harry logró un conjuro que dejó a su adversario colgando mágicamente de un tobillo, y lanzó un hechizo de desarme. Pero Flitwick se libró justo antes de ser impactado, y al caer, levantó ambas manos y el suelo empezó a resquebrajarse.

Estaba claro que ambos eran grandes luchadores y ninguno de los dos iba a dar su brazo a torcer. Flitwick conjuró un anillo de fuego, pero Harry se cubrió con un manto de agua, e intentó que la maldición volviera a su ejecutor, pero este lo que hizo fue transformarla en un humo negro que envolvió la sala. Luego él mismo se transformó en humo, y se trasladó a las espaldas de Harry. Este le vio, y logró protegerse de la nueva maldición del diminuto profesor, mientras el humo seguía a la varita de éste.

Los alumnos estaban boquiabiertos, cuando Flitwick envió todo el humo a Harry, mucho más sólido. Este logró concentrarlo en una esfera formada por el mismo humo, y la volvió onda expansiva contra Flitwick que cayó hacia atrás. Harry alzó la varita, pero Flitwick le colgó a é del tobillo. La varita se la cayó al suelo, y parecía a punto de perder según las normas, pero gritó:

-¡ACCIO VARITA!

Su varita volvió a su mano, y lanzó una maldición contra Flitwick, que le hizo caer, pues sus pies se movían sin control. Harry volvió a tierra.

No obstante, había estado a punto de perder, y el duelo alcanzó una velocidad asombrosa. Harry lanzó un ciervo plateado contra el profesor, que seguía en el suelo, mientras recuperaba el aliento, pero Flitwick gritó:

-¡Finite! ¡Expelliarmus!

Las maldiciones de Harry terminaron, pero además, éste salto para atrás, impulsado por un conjuro de desarme de su contrincante. Había perdido su varita definitivamente, pues Flitwick la había hecho un conjuro convocador.  Dijo:

-¡Ganador, Filius Flitwick!

Todos le vitorearon, mientras la varita de Harry saltaba de mano de Flitwick y volvía a su dueño Harry le estrechó la mano.

En ese momento, Larry se dio cuenta de que alguien le había cogido la mano. Era Alison, que se había quedado paralizada durante el duelo, temiendo que alguno de los luchadores fuera dañado de verdad. La soltó enseguida y se fue corriendo, muerta de la vergüenza.

El chico, sin embargo, fue a ver a Delacour, que estaba apartada de todo el mundo.

-¿Qué tal estás?

-Bien. Ya estoy más tranquila, y mi hermana Fleur vendrá luego a verme.

-¿Ya está mejor?

-Sí, ayer le dieron el alta. En fin, me voy a la biblioteca. Hasta luego.

-Espera, te acompaño.

Se sentía extrañamente atrapado por su belleza. Llegaron rápidamente allí, y la ayudó a buscar un libro que necesitaba para Historia de la Magia. Sin embargo, en un pasillo cercano, vio a Alison y Justin, muy cerca el uno del otro, hablando en voz baja.

Se fue de allí, y la acompañó al vestíbulo, donde esperaba su hermana. Nada más verla, se quedó atontado. Fleur era exacta a su hermana, aunque mucho mayor que ella. Luego, volvió a la sala común tras presentarse. Sin embargo, al entrar en la sala común, vio algo que le horrorizó aún más que el duelo que pasó en el Callejón Diagón: su primo Justin y Alison estaban abrazados, y lentamente se besaron.

Larry se quedó medio tonto. Subió corriendo a la cama, aunque faltaba un rato para la cena. No podía creerlo. Él y Justin, al igual que muchos niños, hacía tiempo que no concebían la idea de "tener novia", y aún menos de besarla. Esto tenía que tener alguna explicación.

Capítulo 10; un suceso y un hechizo

 

Ya había pasado una semana tras el partido de Griffindor vs Hufflepuff. Los alumnos seguían hablando del tema, pero muy ocasionalmente, ya que el nuevo  partido que se celebraba el segundo sábado de noviembre, de Slytherin contra Ravenclaw.

Sin embargo, para Larry, Alison y Justin nada había cambiado. Habían sufrido un par de ataque por la espalda causados por Phileas Anderson. Los tres amigos sólo podían devolver otro hechizo, pero fueron pillados por el profesor Flitwick, y les restó diez puntos. Por ello, decidieron hablar con McGonagall ese sábado por la mañana.

Se dirigieron a su despacho y vieron una gran gárgola de piedra. Suponiendo que debían decir una contraseña, empezaron a soltar burradas, hasta que a Justin se le ocurrió decir:

-¡Palo de polo!

Con esa estrambótica frase, la gárgola se apartó, y los chicos subieron por una escalera de caracol. Llegaron al ya conocido despacho de su directora. Pero cuando entraron, ésta estaba hablando con Harry y el retrato de Albus Dumbledore.

-Lo siento, profesora, no supuse que... - empezó Alison, pero McGonagall se adelantó.

-No pasa nada. Es más, os esperaba. Profesor Dumbledore, -añadió, dirigiéndose al cuadro-, estos son Larry Mason, Justin Rodríguez y Alison Jones.

-Un placer, señores. Minerva ya me ha puesto al corriente de vuestra aventura en cada de Madame Hooch.

-Sí, señor. Necesitábamos hablar de Phileas Anderson.

-El profesor Flitwick ya me ha contado que le atacasteis.

-¡Eso no es del todo cierto! - saltó Larry -. ¡Ese tipo nos lanzó una maldición y nosotros se la devolvimos! ¿No podemos?

-Podríais haberla bloqueado, o hacerla rebotar contra su ejecutor, obrando en legítima defensa. ¿No es cierto, Potter?

En ese momento, Harry desvió la mirada de su directora, mirando a los cuadros de las paredes, como si acabase de descubrir que se movían.

-¿Harry? - dijeron McGonagall y Dumbledore al unísono.

-Lo lamento, directora, pero todavía no hemos empezado con el bloqueo y devolución de conjuros, -admitió éste.

-¡¿QUÉ?!

-Estoy siguiendo el programa de Lombardo. Yo ya les habría iniciado con un patronus.

-Tendré una charla larga con ese francés cuando acabe son sus vacaciones. ¿Un trimestre para cada conjuro?

-Una auténtica locura en estos tiempos locos.

-Pero puedo hacer algo al respecto - repuso Harry-. Dado que son los únicos alumnos de primero que están siendo atacados, puedo empezar a enseñarles a protegerse de maldiciones. Será bastante útil cuando necesite demostrar el efecto en mis clases.

¡PIC, PIC! Algo repiqueteaba en la ventana. Se trataba de una lechuza. Llevaba un periódico en el pico. La directora la dejó entrar, y el ave soltó el periódico. La mujer pagó un knut y la lechuza se alejó. La directora echó un vistazo a la primera plana de El Profeta y acto seguido, se derrumbó en la silla. Larry, Justin, Alison y Harry se acercaron a verlo. Había uno foto de un joven mago. El titular rezaba:

LOUIS LOMBARDO, HALLADO MUERTO EN SU VIAJE POR VENEZUELA

La noticia ocupaba el resto de la plana. Se leía:

Louis Lombardo, el profesor titular de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, ha sido hallado muerto en una habitación del Hotel Las Vegas, nuevo en Venecia.

El profesor estaba disfrutando de un año sabático siendo sustituido por Harry Potter en su cargo. Parece ser que los mortífagos encargados del asesinato fueron los mismos que atacaron a Madame Hooch, el pasado mes de septiembre. Los asesinos proyectaron la Marca Tenebrosa en el cielo. El Equipo de Desmemorización del Ministerio de Magia venezolano, y nos dio el aviso tres horas después.

Los aurores de Venecia se encargaron de atrapar a Ribentrop, aunque Roockwood logró darse a la fuga, no sin antes intentar matar a todo el destacamento de aurores. Poco después, nuestro Jefe de la Oficina de Aurores, Gawain Robards, se apareció en Venecia y escoltó al mortífago a Azkabán. Estamos a esperas de su juicio. Sólo queda saber si Potter continuará sustituyendo a Lombardo durante los próximos años.

Desde el Ministerio de Magia, advierten que extremen las precauciones. Sáquense los carnés de Aparición y aprendan a lanzar conjuros desilusionadores.

Harry acabó de leer la noticia y saló de la mesa, donde se hallaba sentado.

-Minerva, lo lamento, pero voy al Ministerio. Estaré aquí el lunes. A vosotros os veo el lunes a las seis y media en mi despacho para empezar las clases particulares.

Y dicho esto, salió corriendo del despacho.

-Parece que los mortífagos han cogido tirria a los profesores de Hogwarts - comentó Dumbledore.

- Así parece. Habrá que reforzar todos los conjuros protectores que rodean la escuela - afirmó McGonagall-. Vosotros tres, iros.

Los tres amigos empezaron a irse, pero Larry se volvió y preguntó:

-¿Qué ocurrirá con el profesor Potter? ¿Se quedará?

-No lo creo. Es más, creo que empezaré hoy mismo a buscar otro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. El profesor Potter tendrá que regresar al Ministerio.

Tras esas palabras, los tres amigos se fueron del despacho y no hablaron hasta haberse alejado de ese pasillo. Ninguno estaba de humor, sabiendo que su profesor se largaría probablemente, el lunes por la mañana. Pasaron el fin de semana componiendo la redacción de Transformaciones para el profesor Bagman, y practicando, por turnos, el conjuro flippendo que aún estaban dominando por completo.

Sin embargo, el lunes por la mañana, durante el desayuno, ni la directora ni Harry hicieron mención a que éste se largara. Ese día, los amigos no tenían clases con él. Pero nada más acabar la clase de vuelo, se dirigieron a su despacho. Sería antes de lo esperado, pero querían saber ya si su profesor las abandonaba o no.

Sin embargo, cuando llamaron a la puerta, nadie contestó. Es más, se escuchaban voces. La puerta se abrió y salió Delacour, llorando a lágrima viva. Ni siquiera les vio y se fue corriendo. Dentro estaba Harry, con cara de preocupación. Parecía muy debilitado, seguramente por esa discusión.

-Adelante.

Tenía cara de enfadado, pero más que con alguien ajeno, con él mismo. La curiosidad de Alison le hizo preguntar:

-¿Qué la ocurre?

-Conozco a su hermana. Vive aquí casada con un hermano de Ron y la pequeña Delacour empezó a venir a Hogwarts el año pasado. Anoche atacaron a su hermana y al esposo de ésta. Me culpa de no abandonar el colegio e ir a protegerla, pero yo tengo un contrato de un año con el colegio. Y puede que más, si Minerva no encuentra sustituto fijo.

-¿Murieron? Su hermana y su cuñado, digo - preguntó Justin.

-No. Sin embargo, de desangraron mucho. Utilizaron la misma maldición que tuve que usar en nuestra batalla del mes pasado. Están en San Mungo tomando esencia de díctamo cada media hora. Pero en este momento, me preocupa más nuestra clase. Sacad las varitas.

Las sacaron y se pusieron en pie, mientras Harry hacía una serie de movimientos con la suya apartando los muebles, dejando un amplio espacio en la sala.

-Es conjuro que os voy a enseñar es el encantamiento escudo, o protego. Si se logra conjurar, crea un escudo eficaz. Suele ejecutarse con el conjuro del rival ejecutado. Por norma general, el conjuro rebota, pero los más adiestrados somos capaces de desviarla. Ahora, poned la varita apuntando enfrente de vosotros y conjurad: protego.

-¡Protego!

Cada varita logró provocar un destello de luz. Repitieron el proceso unas veces más hasta que la luz se quedó unos segundos.

-Ahora, antes de practicar con un hechizo, os lanzaré ésta esfera. Os daré el aviso como si dijera un hechizo. ¡Larry, paso al frente!

Larry avanzó, y cuando Harry gritó flippendo antes de lanzar la pelota con todas sus fuerzas. Larry alzó la varita y conjuró:

-¡Protego!

La bola tocó el escudo y saltó hacia atrás, chocando con Harry. Sonrió satisfecho y a continuación, Justin tuvo que realizar el conjuro y luego Alison. Siguieron por media hora, hasta que decidieron cambiar a que Harry lanzaba la pelota a cualquiera de los tres y ellos tenían que estar prevenidos para protegerse. Al final, empezaron a protegerse del flippendo. Ni Justin ni Alison tuvieron mucha suerte, pues ambos retrocedieron cuando el hechizo de Harry acertó en los encantamientos escudo. Sin embargo, le tocó el turno a Larry. Harry gritó, apuntándolo:

-¡Flippendo!

-¡Protego!

El hechizo de Harry saltó hacia su ejecutor, derribándolo. Harry se levantó y le dijo:

-Tienes potencial en esto de la Defensa. Será mejor que bajéis a cenar, pues falta una media hora. Volved el miércoles a la misma hora.

Los tres amigos salieron del despacho. Sin embargo, tras salir de allí, vieron a Delacour corriendo con su baúl a cuestas. Se dirigía al vestíbulo. Detrás de ella corría McGonagall, pidiéndole que volviera, pero la muchacha no hacía caso.

-Permita, directora.

Era Phileas. Alzó su varita y gritó:

-¡Flippendo!

Sin embargo, actuando de modo instintivo, Larry saltó en medio y ejecutó:

-¡Protego!

Pero sin detenerse a mirar si había resultado (aunque sí), corrió a Delacour a la logró derribar contra el suelo. La chica tenía el rostro empapado en lágrimas. Phileas estaba en el suelo, pero McGonagall iba donde Delacour.

-¡Dejadme, quiero irme, mi hermana puede morir! - y se desplomó.

Sin embargo, Harry había escuchado el estruendo, y ya se dirigía a ellos. Logró llevarse en brazos a Delacour, que estaba aturdida y pidió a una Hufflepuff de tercero que llevara el baúl a su dormitorio. McGonagall envió a todos a cenar, pero los chicos cenaron rápido y se fueron a acostar. Habían hecho mucho en un día y ya tendrían tiempo de hablar.

Capítulo 9; tirachinas, noticias y partidos

 A la mañana siguiente, Larry, Justin y Alison bajaron al Gran Comedor. Seguían hablando de Albus Dumbledore. El artículo sobre él era muy extenso, pero al parecer, la información más conocida era:

Albus Dumbledore, el director más grande que haya tenido Hogwarts, es mundialmente conocido por su batalla contra el mago tenebroso Gellter Grindelwand en 1945. También fundó la Orden del Fénix, con el objetivo de derrotar al Innombrable, ayudando a Harry Potter (1981-hoy), en su batalla famosa del 31 de mayo, de 1997.

-¡Por eso muchos conocen al profesor Potter! - dijo Alison.

-Tenía que ser algo así. ¿Quién sino un auror sería capaz de derrotar a ese tal Lord Voldemort? - sugirió Larry.

Con este tema de conversación, los tres llegaron al desayuno, donde les aguardaba una grata sorpresa. Una lechuza les llevó un periódico (El Profeta), tenía en primera plana esta noticia

GRAN BATALLA EN CASA DE LA SEÑORA HOOCH, POR RITA SKEETER

Ayer por la mañana, una batalla se libró en el interior de la casa de Madame Hooch, profesora de vuelo en el Colegio Hogwarts, entre Harry Potter y los mortífagos fugados Roockwood y Ribentrop. Ambos cayeron en la batalla, pero siguieron con vida. Esto es debido a que uno de los mortífagos aturdió con un conjuro doble a nuestro Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, destrozándole el cuerpo. Tanto él como madame Hooch tendrán que permanecer una semana en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Dolencias Mágicas.

Sin embargo, lo más curioso es lo que necesitaron Potter, McGonagall, Weasley y Shacklebolt para entrar en la casa. Al parecer, los alumnos L. Mason, J. Rodríguez y A. Jones consiguieron con sus conjuros flippendo más de lo que lograron los conjuros aturdidores de los magos adultos, en su intento de destruir la protección arrojada por los mortífagos.

Sin embargo, los mortífagos consiguieron escapar. Ninguno de los presentes en esta  batalla han declarado cómo pudieron hacer este estropicio.

 -Me gustaría saber cómo se enteró de ello. Nadie que no estuviera presente podría conocer los detalles - dijo Justin.

-Puede ser, pero, a lo mejor, alguien se lo dijo - pensó Alison.

-Imposible. "Ninguno de los presentes en esta batalla han declarado... - afirmó Larry

En la Mesa de los Profesores, todos estaban tensos. Además, Harry, que había vuelto desde San Mungo, se les acercó y les pidió que cuando tuviesen un rato, le fueran a visitar a su despacho. Siendo un profesor, decidieron no hacerle esperar mucho. Acabaron el desayuno, subieron a la Sala de Griffindor para finalizar sus trabajos escritos, y bajaron al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. La atravesaron y subieron por una escalerilla que llevaba al despacho de Harry.

El despacho estaba bastante bien. Era una sala circular, y estaba llena de objetos curiosos: un reloj de arena dentro de una diminuta esfera de cristal, que parecía un collar, una serie de peonzas que estaban en equilibrio, pero no rodaban, un baúl de 5 cerraduras, un espejo en el que se reflectaban sobras como de fantasmas, una puerta (que seguramente, conducía al dormitorio), y una mesa amplia, con un buen sillón detrás de ésta. Harry se hallaba mirando por una ventana, pero cuando abrieron la  puerta, se volvió, y con una sonrisa, les dijo:

-Por lo general, se llama antes de pasar.

-Lo sentimos.

-Tranquilos. No os voy a hechizar por ello. Sentaos.

Con un movimiento de su varita, hizo aparecer tres sillas de madera, algo cómodas. Se sentaron, mientras el profesor, que ya estaba sentado, buscaba algo en el cajón de su escritorio. Sacó un ejemplar de El Profeta de esa mañana. Los tres amigos comprendieron en seguida de que quería hablarles.

-Ha sido muy curioso como este panfleto se ha enterado de la aventura de ayer - dijo Justin de inmediato.

-Sí. Pero ha informado la persona más indicada para ello - respondió Harry.

-¿Se refiere a Rita Skeeter, señor? - preguntó Alison.

-La misma. Con métodos ilegales, por supuesto. La llamaré para que acuda a mi despacho del ministerio mañana. No la conviene seguir así. Yo no la pienso delatar... hasta la fecha.

-¿Sabe cómo lo hace, señor? - se interesó Larry.

-Puyes claro. Desde hace 5 años lo sé, cuando fui víctima de muchas historias suyas, al igual que Albus Dumbledore y Severus Snape.

Tras decir esto, volvió la mirada a su estantería. Miraba un libro que se titulaba Vida y mentiras de Albus Dumbledore.

-Será mejor que os andéis con ojo los próximos días. Estas noticias traen tela y vuestros compañeros os abordarán para que les contéis toda la historia. Lo mejor es que os hagáis los suecos, fingiendo que este periódico miente (como ya ha hecho en innumerables ocasiones). No es por nosotros, sino por vosotros. Podéis iros.

Iban a abandonar el despacho, cuando una lechuza entró por la ventana abierta. Se trataba de Gales, la lechuza de Larry. Llevaba un paquete, sellado por la tienda de Sortilegios Weasley.

-Parece que han sacado un nuevo producto y quieren que lo pruebes - aseguró Harry.

Salieron ya del despacho (la lechuza ya se había ido), y echó un vistazo a una revista de pedidos. En la primera plana, se leía:

¡NOVEDAD! EL TIRACHINAS LANZA-CONJUROS

En la portada, se veía un tirachinas muggle, pero en movimiento y lanzando conjuros. Se sentaron en uno de los bancos del pasillo y leyeron el reportaje:

¿Se le resisten los conjuros Expelliarmus, Desmaius y Flippendo? Pues ahora, los podrá ejecutar con el nuevo Tirachinas Lanza-Conjuros. Escoja una de los esferas de hechizos, apunte, lance y... ¡conjuro ejecutado! Precio tirachinas: gratuito. Precio esferas: pack de 30 (10 de cada) por 10 galeones. Oferta exclusiva.

Dentro del paquete había también un tirachinas y una bolsa con 15 bolas. Dentro de la bolsa había también una nota:

Hola, Larry. Esperamos que te guste el obsequio. Lo sacamos hace un par de días, y te enviamos unas muestras para que lo pruebes. Si necesitas más, esperamos tu lechuza en Sortilegios Weasley, número 99 del Callejón Diagón. Firmado: George Weasley.

-Vaya, parece mentira que tengas esto. Seguro que eres el único que tiene uno de éstos en Hogwarts.

Justo en ese momento, apareció uno de los muchachos de tercero que había molestado a Alison en el tren. No sabían cómo se llamaba, pero alzó la varita, y atacó con un conjuro de desarme a Justin. Larry intentó ejecutar un flippendo, pero la varita también saltó de su mano. Alison fue petrificada. En ese momento, Larry cogió el tirachinas, abrió la bolsa, y sacó una esfera de color blanco. En ella se leía, con letra diminuta: DESMAIUS. Larry cargó el Tirachinas y lanzó la esfera hacia el chico.

Pero en lugar de salir la bolita, salió un rayo de luz blanca que envió al chico al fondo del pasillo, donde se chocó son Peeves, un poltergeist que habitaba en Hogwarts. Éste, molesto, se dedicó a perseguir al chico durante un buen rato. Riéndose todavía por aquello, los tres amigos llegaron al Gran Comedor. Estaba muy revuelto. La directora estaba discutiendo en medio de la sala con una bruja rubia.

-¡Le hemos dicho que no puede entrar en el castillo! ¡Largo de aquí ahora mismo o llamo al Ministerio!

-Entonces no quiere llamar a Potter. Que lastima, hace mucho que quiero hablar con él - respondió la rubia.

Se dio la vuelta. Llevaba el pelo muy rizado. Sus ojos brillaban tras unas gafas con diamantes incrustados en la montura. Llevaba una sonrisa con la que enseñaba los dientes, y se distinguían tres dientes de oro. Su túnica verde estaba impoluta. Hacía juego con una plumilla verde, que volaba encima de una libreta, escribiendo como si la dirigiera una mano invisible.

-Pues yo no tengo intención de decirle ni una palabra que no sea: ¡Váyase a tomar...!

Harry acababa de entrar en el Comedor, y miraba a la bruja con profundo odio. Sin embargo, decidió no terminar la frase, teniendo en cuanta que había niños delante. Lo que si hizo fue sacar la varita.

-¡Harry! ¡Nos volvemos a ver! -la rubia actuó como si Harry no la hubiera soltado ese insulto -. ¿Cómo se te hace la carrera de profesor?

-Mejor me iría sin arpías como usted fisgoneando en asuntos ajenos. ¿A qué ha venido?

-Vine para entrevistarme con los pequeños héroes que participaron en la batalla de Hooch - miró alrededor y al lado de Harry estaban situados los tres amigos. Sonrió aún más-. Deben ser ellos.

-Quienes sean mis alumnos no le concierne - Harry estaba cada vez más molesto con esa señora -. Abandone el colegio por su voluntad o me veré obligado a pedir una orden de arresto.

La bruja también sacó la varita y apuntó directamente a la cicatriz que Harry poseía en la frente.

-Allá tu. Te he dado la oportunidad de dejarme trabajar tranquila, pero si lo prefieres así, tendré que actu... ¡AAAAAAAAAAAH!

Larry había vuelto a sacar el Tirachinas, y la varita saltó de la mano de su propietaria, pero ésta además saltó también por los aires y aterrizó delante de la mesa de los profesores. La bruja corrió a su varita, y desarmó a Larry. Pero mientras ella le desarmaba, Harry gritó: ¡Desmaius! Y la bruja volvió a ser lanzada por el aire, y no se movió.

Harry tenía la respiración agitada. Corrió a la bruja y la ató como Larry ya había observado un par de veces más. El gigantón que había acompañado a los de primer año en las barcas, se adelantó.

-Hagrid, será mejor que saques la basura. Déjala en la puerta del colegio.

Hagrid agarró a la bruja con sus enormes manos y la llevó colgando de una cuerda que sobresalía (no del cuello) hasta desaparecer del vestíbulo.

-Esa era Rita Skeeter. La bruja más cotilla, chismosa, imbécil,..., y otra serie de palabras inapropiadas para onceañeros que existe -explicó Harry a los tres amigos. Larry ya había recuperado el Tirachinas.

Durante el fin de semana, los tres amigos se dedicaron a buscar información sobre Skeeter. Salió un trozo muy resumido en El Profeta del domingo, extraído seguramente de una biografía muy reciente.

Rita Skeeter, nacida en 1950. Empezó a trabajar como periodista para el diario El Profeta nada más acabar Hogwarts. Entre sus artículos más destacables, caben destacar sus reportajes sobre los "Juicios a los Mortífagos" de 1981, los artículos del "Torneo de los Tres Magos" de 1994 y "Entrevista a Harry Potter" en 1995. También destacan sus libros, "Vida y mentiras de Albus Dumbledore" de 1997 y "Los secretos inconfesables de Severus Snape", de este año. Las personas referidas en estos artículos suelen negar cualquier verdad. Y es que es cierto que Skeeter puede llegar a saber el trapo más sucio de cada individuo. Recientemente ha revelado que va a comenzar el tercer libro de su serie "Contra Lord Voldemort". Desvela que ha pensado en dos títulos. Cada uno generará un libro distinto. Esperará durante una semana cartas sabiendo si la gente prefiere: "La Orden del Fénix: ¿tapadera u organización pura?" o "La gran carrera del mayor auror y engañoso Alastor Ojocolo Moody". Ya saben. Si quieren desvelar algo, envíenla sus lechuzas hasta el próximo domingo.

Ahora ya estaban informados sobre Skeeter. Ya sabían que habían de evitarla. Harry incluso les dijo, un par de semanas después, que hablasen en voz baja si había insectos a la vista, y también en otras ocasiones, siempre que hablasen sobre las nuevas insinuaciones que aparecieron posteriormente a ese sábado de Skeeter sobre el combate.

Con esto llegó el mes de octubre. El clima se volvió frío y húmedo. Llovía casi diariamente. Por fortuna, su única clase al aire libre era Herbología y estaban dentro del Invernadero 1. Por lo demás, en clase de Encantamientos habían terminado de pulir el conjuro reparo, y empezaron a dar teorías sobre el hechizo de levitación. En Pociones les habían dado trabajo de investigación de hierbas mágicas. Las clases de transformaciones se habían complicado muy ligeramente, ya que el conjuro de transformar un ratón en una pelota no daba buen resultado. El desahogo estaba en clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Tenían clase práctica casi a diario, con lo que muchas veces se les veía agotados tras salir del aula. No todos habían logrado perfeccionar el flippendo, pero Harry lo había supuesto, pues iba a usar un trimestre para cada hechizo básico.

A finales de octubre, se dispuso el primer partido de quidditch. Larry y sus amigos no podían participar hasta segundo año, pero habían estado observando los entrenamientos. El grupo estaba dirigido por Demelza Robbins, una alumna de séptimo. Era cazadora, y junto a los otros dos, tenía que coger el quaffle y meterlo en uno de los aros contrarios, evitando que el guardián del equipo contrario parase el tiro. Cada gol eran 10 puntos (para la Copa de Quidditch y la Copa de la Casa). Había dos pelotas llamadas bludger que revoloteaban intentando derribar a cualquiera de su escoba. Dos golpeadores protegían a su equipo con unos bates y lanzándolas a los jugadores contrarios. Por último, estaba el buscador. Se encargaba de buscar una pelota pequeña y dorada, con alas, llamada snitch. Era casi imposible de ver. Cogerla suponía 150 puntos y finalización del partido.

El día del partido, los jugadores bajaron pronto al campo: el partido lo disputaban Griffindor y Hufflepuff. En campo de quidditch estaba abarrotado. El comentarista era Thomas:

-¡Bienvenidos al primer partido de quidditch de la temporada de Hogwarts! ¡Hoy se enfrentarán Griffindor - hubo aplausos de la masa roja -, y Hufflepuff- aplausos de parte de la masa amarilla-. Y ahora, la alineación de Griffindor! ¡Los cazadores son: Robbins, Stubbi y Lenon! ¡La guardiana Smith! ¡Los golpeadores Peakes y Creevey! Y el buscador: ¡Gates!

Los alumnos de Griffindor vitorearon a sus jugadores. Alumnos de otras casas también aplaudieron, excepto Slytherin. Tras una pausa, Thomas volvió a hablar por el micrófono mágico.

-¡Y la alineación de Hufflepuff! ¡Los cazadores son: Tayler, Johanson y Sloper! ¡El guardián Holt! ¡Los golpeadores Stevenson y Osment! Y la buscadora: ¡Delacour!

Muchos aplaudieron. Se escucharon muchos silbidos, y era obvio que estaban dirigidos a Delacour. Su cabello dorado brillaba con los pocos rayos de sol de ese día, y era muy guapa. Muchos chicos estaban embobados. Thomas se recuperó y prosiguió:

-¡Madame Hooch entra en el campo para arbitrar! ¡Todos le deseamos que esté bien recuperada del incidente del mes pasado!

Todos aplaudieron y Hooch abrió la caja de las pelotas.

-Capitanes, daos la mano.

Robbins y Sloper se dieron la mano y montaron en las escobas. La señora Hooch liberó los bludger y el snitch. Lanzó la quaffle al aire y todos se despegaron del suelo.

-¡Y la quaffle la coge Robbins! ¡Esquiva a Johanson y la pasa a Lenon! ¡Lenon va a la portería! ¡AY! ¡Una bludger lanzada por Osment le golpea la espalda y la quaffle cae! ¡La recoge Sloper y se dirige a la portería! ¡Esquiva una bludger, pero otra se le cruza en el camino y se desvía! ¡De momento, parece que los buscadores no tienen mucho trabajo!

Era cierto. Tanto Gates como Delacour volaban en círculos alrededor del campo, intentando vislumbrar la snitch. Ninguno tenía mucho éxito, pero algunas veces tuvieron que desviarse pues les rozaban las bludger.

-¡Y parece que vamos a ver un gol! ¡Sloper vuelve a tener la quaffle y está justo enfrente de Smith! ¡Parece que la lanza a la derecha y Smith se lanza allí! Pero... ¡.la quaffle se va a meter por la izuierda y... ¡NO MARCA!

Era cierto. En un segundo, Smith había girado sobre sí mismo y con el palo de su escoba, había golpeado con fuerza la quaffle, que salió volando hasta las manos de Robbins. Ésta estaba muy cerca de la portería, y aprovechando el momento en que todos seguían mirando la portería de Griffindor, lanzó la quaffle, que se coló en uno de los aros de Hufflepuff, sin que Holt se hubiese inmutado.

-¡GOL DE GRIFFINDOR! ¡Eso son diez puntos! ¡Ahora el quaffle lo ha cogido Sloper! Avanza a la portería con uno de los golpeadores de su equipo, Stevenson, le protege! ¡Golpea la bludger y ésta golpea a Robbins en el estómago! ¡Cae de la escoba, pero no es falta! Sloper avanza más, mientras Osment envía a la otra bludger contra Smith, que se aparta para esquivarla, mientras Stubbi y Lenon intentan evitar el gol, seguidos por Tayler y Johanson! ¡Y marca! ¡Diez puntos para Hufflepuff...! ¡¿Es eso la snitch?!

Un rastro dorado había aparecido en el aire. Tanto Delacour como Gates salieron disparados allá, pero...

-¡Gates ha sido derribado!

En efecto. Stevenson y Creevey habían ido a por los bludger y las habían lanzado a su buscador contrario. Pero sólo acertó Stevenson, y eso dejó pista libre a Delacour para coger la snitch.

-¡Hufflepuff gana! ¡Delacour consigue la snitch y 150 puntos!

Todos los Hufflepuff vitorearon a sus jugadores, que bajaban al suelo, seguidos por los Griffindor. Éstos se dirigieron a los vestuarios, pero Delacour se apartó de su equipo y fue con los Griffindor. Hablaron un segundo, y para sorpresa de todos, se dieron las manos. Las gradas empezaron a vaciarse.

Esa noche, en la sala común, nadie montaba mucho jaleo, pues habían perdido por 150 puntos. Ahora, Griffindor necesitaba esa diferencia para poder remontar en la Copa de Quidditch. Thomas y Demelza Robbins estaban hablando. Los tres amigos se acercaron.

-Oye, Robbins...

-Por favor, llámame Demelza. Odio esto de llamar por el apellido. Si quieren que todos nos llevemos bien, necesitamos esta confianza - dijo la chica, con una sonrisa.

-Vale. Oye, Demelza... - siguió Larry-. ¿Qué te dijo Delacour?

-Nada importante. Nos dijo que sentía que el partido hubiese sido tan breve y que ganaran de esa manera. Que no nos lo tomemos como algo personal, pero era su deber con el equipo.

-Buena competidora, y muy justa - suspiró Justin.

Todos le miraron, con una sonrisa maliciosa.

Capítulo 8; pelea en casa de Hooch

Cuando los tres amigos esteban mirando la chimenea, de ésta surgió la cabeza de Harry Potter. Ésta se quedó irando y dijo:

-¡Vaya, me equivoqué de chimenea!

-¡Harry! Es decir... ¡profesor! ¿Qué hace aquí... su cabeza? - dijo Larry, conteniendo un grito.

-Red Flu, ya te explicaré. Justin, ve corriendo a ver a Minerva y dile que tenemos dificultades. Si vas por el pasillo de la derecha, hay un cuadro de unas monjas. Intenta atravesarlo y llegarás al pasillo donde está su despacho. ¡Corre!

Justin no pidió explicaciones, y salió corriendo por la puerta de la sala común. Harry dijo:

-¡Bueno, me voy! ¡No os preocupéis!

Alison asintió, pero Larry se agarró a su maestro justo cuando este epezço a desaparecer. Notó algo que le atrapaba los pies, debido a que Alison le intentaba sujetar. Ambos chicos siguieron a la cabeza de Harry, cayendo por un remolino desde la cual se divisaban varias chimeneas, hasta que cayeron de bruces en un suelo de hierba.

Se encontraban en un prado. Una casa de campo se alzaba ante ellos. Dos magos (un hombre negro y una mujer pelirroja), la estaban lanzando conjuros, pero estos salían despedidos en diferentes direcciones. Harry estaba frente a ellos, mirandolos con enfado. Para intentar suavizar el momento, Larry dijo, tímidamente:

-Hola, pro...

-¡Te dije que no te preocuparas! ¡Tenemos dificultades, y dos onceañeros sólo lo complicarían! ¡Volved por donde habías venido!

-¡Calmate, Harry! Puede que sea mejor que se queden. Si tenemos más probleas, pueden ir a  buscar ayuda.

Quien había dicho esto era Ginny Weasley, que había decidido dejar de atacar y juntarse con ellos. Kingsley Shaclebolt también se acercaba. Parecían angustiados. Momentos después, la directora McGonagall y Justin aparecieron agarrando una tetera francamente fea.

-¿Se puede saber en qué pensábais viniendo aquí? - la directora estaba serena, pero por dentro tenía ira acumulada.

-En ayudar, profesora - dijo Alison-. La visita de Harry fue espontanea, si no, habríamos llamado a algún delegado.

La directora parecía a punto de soltarle alguna expresión subida de tono, pero lo que hizo fue lanzar a los tres amigos al suelo`, pues un rayo de luz verde había estado a punto de alcanzarles.

-¡Están atacando a matar! - rugió Kingsley-. ¡Conjuros aturdidores a la de tres! Una, dos...

Cuando Kingsley dijo tres, los cuatro magos adultos (Harry, Ginny, McGonagall y el propio Kingsley) lanzaron sus conjuros desmaius pero Larry, ALison y Justin no se iban a quedar atrás. Al mismo tiempo que los adultos, lanzaron sus conjuros flippendo contra la casa. En lugar de rebotar, los conjuros, que se habían centrado en un punto, consiguieron disolver la barrera mágica, porque uno de ellos acertó aromper una cornisa.

Al ver el resultado, los magos adultos corrieron a la casa, seguidos por los tres amigos. En la casa, se separaron, pero Larry siguió a su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras hasta llegar a una habitación atrincherada. Sin dudarlo un segundo, Harry volvió a sacar la varita, y ejecutó:

-¡Bombarda Máxima!

En efecto del conjuro arrancó la puerta de cuajo. Dos hombre, vestidos igual a los que había visto en verano en la base naval, estaban dentro. En un lado de la habitación, atada e inconsciente, estaba la profesora Hooch. Los dos hombres ejecutaron sendos conjuros de color rojo, que Harry desvió con la varita. Con un movimiento de mano, Larry fue enviado hacia atrás.

Comenzó un combate de magia bastante más espectacular que el que Larry vió en el callejón Diagón. A pesar de ser superiores en número, los dos encapuchados tenían dificultades en reducir a Harry. Uno de ellos le asestó un monstruo enorme de fuego, pero Harry convocó un chorro de agua de lo disolvió. El otro lanzó un conjuro que parecía de viento, pero cuando Harry se agachó a esquivarlo, el impacto que tuvo en la pared provocó un derrumbe.

Harry apuntó a uno de los hombres, que empezó a retorcerse, como si sintiera dolor. Sin embargo, esto impidió a Harry defenderse de un conjuro aturdidor, que le dio en el pecho, enviándolo al fondo del pasillo. Larry desvió la mirada a la otra parte del pasillo, donde los otros magos intentaban llegar, pero seguramente había otra barrera que ipedía el paso.

Cuando Larry volvió a mirar donde había caído Harry, un encapuchado le lanzó un conjuro verde, pero Harry se apartó para evitarlo y con un rayo rojo, le quitó la varita, y encima salió despedido para atrás. Ahora el combate estaba igualado, cuando Kingsley apareció cerca de Harry.

El encapuchado corrió donde su compiche, y la quitó la varita. Acto seguido, ejecutó el desmaius, pero al tener dos varitas en la mano, salieron los conjuros de las dos varitas y ambos alcanzaron a Kingsley, que al der depulsado para atrás, agujereó la pared y cayó por él.

En ese momento, Harry, con unos ojos que ya no parecían verdes, sino rojos ira, levantó la varita, y con mucho odio dentro, ejecutó un hechizo brutal:

-¡Sectumsempra!

De la cara y el pecho del mortífago surgieron dos cortes profundos que empezaron a sangrar, como si le hubieran clavado un par de espadas. El hombre dejó caer las varitas, se tambaleó, y fue él el siguiente en caer, desangrándose. Harry le miró con cara de asco, y luego con una floritura cortó las cuerdas que ataban a la señora Hooch, y con otro movimiento, el cuerpo se levantó y se movió levitando donde Harry apuntaba. Luego, solamente dijo:

-Vamos, Larry.

Bajaron, salieron a la calle, y se encontraron con el cuerpo de Kingsley, vivo, pero muy dañado. Los demás (McGonagall, Ginny, Justin y Alison) le rodeaban. Harry dijo:

-Me los llevo con la Aparición Conjunta a San Mungo. Será mejor que le vean ya. Estaré en el colegió cuando me aseguren que se repondrá.

Y sin mediar palabra, tocó el cuerpo de Kingsley y el de la señora Hooch y los tres desaparecieron con un "¡crack!". Ginny también se fue, despidiéndose de ellos. McGonagall sacó la tetera, la tocaron los tres amigos, y de pronto, estaban en el despacho de su directora. Era una habitación circular, con objetos muy curiosos, y las paredes estaban llenas de cuadros. Seguramente eran antiguos directores de Hogwarts, y todos dormían o lo fingían. McGonagall se sentó tras su mesa. Un cuadro más grande que los anteriores tenían la imagen de un mago anciano, con un pelo y una barga realmente largos y de color blanco plateado. En la parte baja del marco, se leía:  ALBUS DUMBLEDORE.

-Me parece que voy a tener que descontar 50 puntos a Griffindor por cada uno, debido a salir sin autorización de los recintos del colegio, arriengándose la vida de un modo absurdo.

-Minerva...

El retrato de Dumbledore la miraba fijamente, como adviertiéndola. McGonagall dudó un segundo, y luego dijo:

-No obtante, vuestros conjuros hicieron posible que rescatáramos a Hooch, descontando los destrozo a su morada y los daños personales. Por ello sumáis cien puntos cada uno de vosotros. Iros antes de que me arrepienta, he de informar al Ministerio y a El Profeta.

Los tres amigos se fueron, comentando lo genial de ese día.

-¡150 puntos! ¡Y apenas hicimos nada! - se rio Justin.

-Si, pero seguro que el cuadro que estaba tras ella se lo pidió - dijo Alison, muy seria.

-¿Y si vamos a la biblioteca y nor informamos de quien era Dumbledore? - propuso Larry.

Como la hora de comer estaba cerca, decidieron posponer la visita a la biblioteca tras la comida.